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Parto Planificado en Domicilio, un Modelo que Interpela

Por Rosana Mazur, Violeta Osorio, Marcia Cortese

Es habitual en nuestro país, que desde el sistema médico hegemónico y lxs profesionales que lo representan se desaconseje de manera injustificada y carente de sustento, el modelo de atención domiciliaria. Claro está, suelen ser iniciativas basadas en un supuesto interés por el bienestar de la población y para que no caigan en las garras de la negligencia aprovechando la creencia cultural de que salud es sinónimo de institución, intervención y alta tecnología.

El esquema suele ser siempre el mismo: decir que la evidencia médica y científica los ampara (aunque no explicitan sus fuentes o la evidencia que citan ya haya sido rebatida), hablar de algún caso perdido infundiendo miedo y sumisión al sistema mediáticamente, manifestando además, que lxs profesionales que asisten en casa abandonan a las mujeres en las puertas de las instituciones.

Ante esta reiterada situación, desde nuestra agrupación nos preguntamos:
-: ¿Cuántos y cuáles estudios científicos con alto nivel de evidencia y recomendación han consultado para basar su postura?
- ¿Cuántos de ellos son de la región? ¿En cuántos de ellos el objeto de estudio es únicamente el parto planificado en domicilio y no el conjunto de todos aquellos partos/nacimientos que por diversas razones sucedieron fuera de la institución?
- Más importante aún, ¿cuántos de ellos son de Argentina? ya que su preocupación es la evidencia médica y científica quisiéramos saber: ¿qué han hecho para entender el modelo y analizar su viabilidad y seguridad en nuestro país?, ¿con cuántos de sus colegas que asisten en domicilio se han sentado a intercambiar?, ¿con cuántas mujeres y familias?
- ¿Cuán documentado e investigado tienen en realidad lo que sucede en los casos traslados?, ¿cuánto han estudiado y analizado el nivel de responsabilidad que tiene el equipo de la institución que recibe los traslados en la falta de articulación fluida y oportuna? y por supuesto ¿son conscientes del daño y perjuicio que ocasionan las posturas prejuiciosas que la corporación médico-científica sostiene a la hora de establecer esta articulación? ¿son conscientes que esas posturas se traducen en la lisa y llana vulneración de derechos de la persona gestante y su familia, y obviamente en la salud integral de la díada?

Mientras no puedan dar cuenta de estas preguntas para empezar, su supuesta "preocupación" por el bienestar de las mujeres es un argumento capcioso y habla del miedo a un modelo de atención que cuestiona, desde su quehacer y principios,  las bases profundas del modelo hegemónico institucional, el cual actualmente, se caracteriza por su intervencionismo, la violación de los derechos sexuales y reproductivos, de la legislación vigente y su alto grado de mercantilismo en desmedro de la salud.

Antes de “parto en casa si, parto en casa no”, ¿por dónde empezar?

Hay mucho para reflexionar y para cuestionar antes de lanzar ataques sesgados y sólo convenientes y obsecuentes a los intereses del sistema médico hegemónico:
Hablemos por ejemplo, del proceso de institucionalización de los partos, la verdadera historia, no la que le es conveniente o cómoda. De sus motivos principales (económicas ante todo) y sobre todo de las principales causas de la disminución de la morbimortalidad materno-infantil, la cual  no se da “per se” por el escenario sino por la calidad de vida de la población ante todo, y esto, es una decisión política de estado y no una responsabilidad exclusiva del quehacer médico.

Históricamente, a nivel mundial, no ha sido la institucionalización del parto/nacimiento lo que ha disminuido estos índices sino la elevación del nivel de vida poblacional en cuanto a infraestructura, alimentación, vivienda, dignidad, etc. Y por supuesto, los avances científico-tecnológicos, (el uso de medicación, antibióticos y prácticas médicas, etc) en los casos donde son realmente necesarios. Además del correcto e idóneo seguimiento del proceso, desde la gestación hasta el posparto. Todos estos avances y prácticas, no está de más recordar, no son sólo posibles bajo las cuatro paredes de una institución. Y un dato nada menor, el índice de muerte materna por causa directa de la atención del parto, bajó abruptamente ante la simple y sencilla costumbre de  “lavarse las manos”, aunque para hacer de ésto una práctica aceptada en las instituciones, tuvieron que dejar la vida millones de mujeres

Hablemos si quieren también, de las mujeres que no eligen parir en sus casas. Quienes incluso por sus características de salud general u obstétricas, la falta de personal idóneo que las asista y/o sus condiciones de vida, no hacen  que sea viable una elección de parto planificado en domicilio y aún así se ven obligadas a parir fuera de la institución por falta de acceso al sistema de salud.

Hablemos también de su calidad de vida y cómo estos factores se traducen en estadísticas de morbimortalidad materno infantil que, desde varios lugares son convenientemente usadas para desacreditar el parto planificado en domicilio, aunque éstos nacimientos no se dieran bajo este modelo de atención. Pero claro, sabemos que es más fácil, más cómodo decir que “se murió de parto en casa” (como si eso pudiera ser una causa real), que asumir que fue abandono y negligencia del estado, y lo que es más importante, la responsabilidad que como efectores del sistema de salud ustedes tienen, a la hora de construir un sistema realmente inclusivo y respetuoso de los derechos humanos de la población toda.

La ausencia del Estado, el abandono y negligencia del mismo, no les es ajena, también en alguna medida, como comunidad científica, comparten esta responsabilidad.

Hablemos del rol de las parteras (Lic. en obstetricia u obstétricas en Argentina), consideradas las profesionales idóneas para la atención del embarazo, parto y posparto de bajo riesgo. Desde hace décadas la OMS recomienda que la atención de estas características, debería estar en sus manos exclusivamente y ellas consideradas profesionales autónomas y de cómo en este país siguen siendo relegadas por lxs obstetras y siguen considerándose meras asistentes. Hablemos de ¿por qué, si la evidencia médica y científica es tan importante a la hora de desaconsejar un modelo de atención, no lo es a la hora de ajustar el sistema de salud a esa misma evidencia?.

Y hablemos también de los estudios metodológicamente confiables y actualizados en los que se basan países como Holanda, Suecia, Canadá, Reino Unido (por citar sólo algunos) para incluir el parto planificado en domicilio dentro del sistema de salud formal, para generar políticas públicas de salud en este sentido e incluso alentar (con ayudas económicas incluso) a las mujeres a elegirlo. Entendemos que sea más cómodo y conveniente hablar solo de riesgos y muertes sin verdadero sustento, pero definitivamente no es ético, ni mucho menos saludable.

Hablar de salud o de riesgos, no es solo mostrar casos exitosos o trágicos mediáticamente y tomarlos como estadística para mantener el status quo del sistema, infundiendo miedo y sometimiento a la sociedad. No señores, eso es casuística y manejo político-cultural sobre la comunidad que nada tiene que ver con la preocupación de brindar un sistema de salud adecuado.

Todo parto que sucede en una casa, ¿es un parto planificado en domicilio?

El parto planificado en domicilio es, en nuestro país y a nivel internacional, un modelo de atención completo, seguro y viable que va mucho más allá de parir a tu hijx en la casa, como un simple ámbito sin contexto.
Su seguridad se basa concretamente en 6 ejes:
- Tratarse de una elección informada y libre. Junto con el respeto por la autonomía de la persona gestante por parte del equipo de salud.
- Tamizaje obstétrico, esto es seguimiento adecuado y oportuno que establezca que la mujer cursa un embarazo de bajo riesgo (según estadísticas de la OMS esto se cumple en más del 80% de los nacimientos).
- Asistencia por parte de profesionales idónexs, los cuales hacen el seguimiento del embarazo, la atención del trabajo de parto y parto, la recepción del recién nacidx sanx y los cuidados posparto de la díada. Al domicilio de la persona gestante acuden el día del nacimiento con los insumos médicos correspondientes y adecuados, necesarios para dicho evento.
- Preservar y favorecer el desarrollo fisiológico del trabajo de parto y parto, interviniendo sólo cuando es médicamente necesario y con autorización o bajo pedido (con información) de la persona gestante.
- Contar con un plan de traslado, el cual, en nuestro país se establece con cada familia en función de su cobertura de salud y la distancia a la institución de referencia, la cual debe ser menor o igual a 20 minutos. Disponer de un vehículo (auto particular) en caso de traslado.
- Que el domicilio de la persona gestante cuente con los servicios básicos.

Todos estos criterios se cumplen en nuestro país entre quienes eligen un parto planificado en domicilio. De más estar mencionar que las mujeres no son “mejores” obstétricamente hablando en Canadá o Reino Unido, o que los/as profesionales (formadxs de la misma manera que quienes asisten en institución) están mejor capacitadxs.

¿Y el acceso a la institución?

Sin embargo, el punto de mayor crisis y conflicto del parto planificado en domicilio es categóricamente su articulación con la institución. Pero no porque lxs profesionales que asisten en domicilio se niegan a establecer ese puente, o “depositan” a la mujer en la puerta de la institución  cuando “las papas queman”, sino porque desde la gran mayoría de las instituciones, basados en miedos, desconocimiento y prejuicios , se niegan a generar dicha articulación.

Sin ir más lejos, son este tipo ataques injustificados los que construyen una idea de lxs profesionales de primera clase (aquellxs que asisten en institución) y lxs de segunda (aquellxs que asisten en domicilio) cuya interlocución es irreconciliable y opuesta, como si se tratara de una guerra, donde son los cuerpos de las mujeres y sus hijxs el campo de batalla.

En la práctica, continuamente, son lxs profesionales cargados de prejuicios y condena social quienes reciben los traslados, desestiman el parte médico efectuado por quienes asisten en domicilio y llegan incluso a ejercer conductas aleccionadoras sobre la mujer y el bebé por la elección del parto planificado en domicilio. Con este panorama no les sorprenda que muchas familias elijan no informar a la institución de su elección de planificar un parto en domicilio, ¿con qué objeto? Si son inmediatamente asustadxs, infantilizadxs, y maltratadxs por su elección, temiendo por la calidad humana y médica que los recepcionará para su asistencia.

Los traslados no son emergencias médicas, son situaciones donde por elección de la mujer o sugerencia del equipo obstétrico se considera que es mejor continuar la atención de ese nacimiento en el siguiente nivel de atención. Aproximadamente el 12% de los partos planificados en domicilio requieren de un traslado, siendo la razón más común el cansancio materno. Y sólo el 5% de las mujeres requieren de una cesárea.

 El riesgo permanente, la emergencia siempre invitada

No está de más recordar, que los partos, mucho que le pese al discurso médico hegemónico, no son eventos patológicos que pueden “torcerse” de un minuto para el otro, sin dar ningún tipo de señales de aviso y dejando solo un margen de segundos para actuar. Si así fuera, sólo podrían suceder en quirófanos con todo el personal preparado y ostentaríamos una altísima tasa de morbimortalidad materno-infantil, al punto de poner en riesgo nuestra continuidad como especie. Esa visión, es producto de las películas de Hollywood y de un modelo de atención perinatal que interviene y medicaliza de manera rutinaria, en pos de una falsa prevención, ajustada no a la salud, sino a criterios e intereses muy alejados de la misma. Un escenario que definitivamente, está muy lejos del modelo de atención domiciliaria planificada.

Sabemos que este modelo de atención (PPD) tiene mucho que aportar al sistema institucional, pero ante todo estamos totalmente convencidxs que la discusión real y urgente no es una cuestión de escenarios sino una revisión profunda de los pilares que sostienen un sistema de salud hegemónico intervencionista y que vulnera sistemáticamente  derechos.

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